El escondite

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El escondite

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Grabada por: Carlos, Lucía, Francisco y Lorena (5º curso)

Tutores: Ana y Juanma

CEIP SAN WALABONSO

Texto original

El escondite

Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los defectos y las virtudes de los seres humanos. El Aburrimiento bostezaba, y la Locura les propuso una locura: “¡juguemos al escondite!”. La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó: “¿Al escondite? Y, ¿cómo es eso?” “Es un juego”, explicó la Locura, “en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón y salgo por el mundo a buscaros”. El Entusiasmo bailó entusiasmado junto con la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que al final convenció a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse… ¿Para qué? Al final siempre la encontraban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad molesta porque la idea no era suya)… y la Cobardía prefirió no correr riesgos.
“Un, dos, tres…”, comenzó a contar la Locura. Y empezaron a esconderse. A la Generosidad cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: un lago cristalino, ideal para la Belleza; el hueco de un árbol, perfecto para la Timidez; una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad… Y al final se acurrucó en un rayito de sol. El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: muy cómodo, pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos. El Olvido olvidó esconderse… y el Amor se escondió entre las flores.
“¡Un millón!”, contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en ser encontrada fue la Pereza… a sólo tres pasos detrás de una piedra. Después encontró a la Envidia, que estaba a la sombra del Esfuerzo, y claro, pudo deducir dónde estaba el Esfuerzo, que se había subido al árbol más alto. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, porque su escondite estaba lleno de avispas y salió corriendo. Al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.
Así fue encontrando a todos. A la Angustia en una oscura cueva… a la Mentira en el fondo del mar. Hasta a el Olvido, que se había olvidado que estaba jugando al escondite. Pero sólo la Paz no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba agotada, se dio por vencida. Entonces, la Tolerancia bajó a decirles a todos que la Paz se había instalado en una nube grande y esponjosa, para divisar todo el planeta, y donde veía un conflicto, enviaba a la Tolerancia, subida en su paloma, para que interviniera. Desde entonces, todo el mundo conoce la paloma de la Paz.

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