El gorro de hacerse invisible

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El gorro de hacerse invisible

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Grabada por: Nuria, Tania y María B. de (4º)

Colaboración especial de: Mª Ángeles y Fgpaez

Tutoras: Rocío y Fanny

CEIP SAN WALABONSO

Texto original

El gorro de hacerse invisible

Lucas Comino encontró en un cajón un viejo libro de cuentos. Uno de los cuentos narraba una historia sobre un cocodrilo viejo y un gorro de hacerse invisible. Desde ese momento la idea de encontrar un gorro así no se le fue de la cabeza.

Anduvo intranquilo por toda la casa abriendo y sacando todos los cajones, especialmente los de más abajo, pues en los rincones que hay bajo ellos se encuentran a veces objetos encantados que llevan ahí varios cientos de años.

Luego subió al desván… ¡Y allí encontró un sombrero! Era sin duda un sombrero mágico. Nada más tomarlo en la mano ya notó algo raro, como si se estuviera volviendo invisible. Estaba tan claro que aquél era un gorro de hacerse invisible como que por la noche hay estrellas en el cielo.

Al día siguiente, Lucas salió dispuesto a demostrar quién era él. Pensaba borrar sus ceros del cuaderno de notas del profesor Alubia y poner detrás de su nombre un diez bien gordo con la letra del profesor.

Por de pronto, salió de su casa en silencio en dirección a la estación. Llevaba puesto el gorro. Primero pasó al lado de un perro callejero bastante grande que continuó su camino sin volver la cabeza. Eso parecía una señal cierta de que era invisible. Luego vino el cartero, el señor Pepino, que pasó sin saludarle. Ahora estaba seguro del todo: ¡lo que llevaba puesto era sin duda un gorro de hacerse invisible!

A toda prisa se dirigió a la tienda del señor Pimentón. Tenía que saldar una vieja cuenta con el hijo del señor Pimentón, o sea, con Cascabel Pimentón.

Cuando llegó a la tienda escribió en el cristal del escaparate con una cera:

CASCABEL PIMENTÓN ES UN PRESUMIDO

En ese momento se abrió la puerta de la tienda y salió Cascabel, miró el cristal, leyó detenidamente lo que ponía, se le puso la cara roja de ira, miró hacia donde estaba Lucas, que seguía creyendo ser invisible, y vociferó muy alto:

– ¿Has escrito tú esto, cara de mono?

A Lucas se le encogió el alma como nunca le había sucedido antes. Echó a correr como en su vida lo había hecho y perdió desde ese momento su confianza en los gorros de hacerse invisible. ¡Ya no podía uno fiarse ni siquiera de ellos…!

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